El perro polar argentino (PPA) es una raza canina extinta, desarrollada por el Ejército Argentino para equipar sus bases antárticas en funciones de transporte. El PPA fue un cruce de Husky Siberiano, Alaskan Malamute, Groenlandés y Spitz Manchuriano.
Se extinguió en 1994 como consecuencia de su repatriación al continente en cumplimiento de la normativa del Tratado Antártico de Protección del Ambiente (TAPMA).
Origen
La necesidad de desplazarse rápidamente, a bajo costo y con seguridad, motivó a un equipo de más de treinta suboficiales enfermeros veterinarios argentinos del Ejército, comandados por Héctor Martín y Félix Daza Rodríguez, a desarrollar una raza canina capaz de arrastrar grandes cargas a través de largas distancias, fácil de criar y mantener y capaz de cumplir funciones operativas similares a las de los transportes mecánicos a orugas.
En el origen del PPA se encuentran las principales razas árticas de trabajo, y la formación de su base genética y la estabilización de su estándar insumieron a los militares 31 años de trabajo.
Características y capacidades
Animal corpulento y de respetable peso (60 kg el macho y 52 la hembra), el PPA estaba bien protegido contra las bajas temperaturas mediante su triple pelaje, que incluía capa de lana, pelo propiamente dicho y subpelo, además de una capa adiposa subcutánea de 2 cm de espesor.
Su capacidad tractora de trineo duplicaba la de cualquiera de las razas que le dieron origen. Un tiro de 11 PPAs podía arrastrar un trineo cargado con 1,1 t a 35 km/h (en terreno llano) y a 50 km/h en pendientes de 45º a favor, en ambos casos sin descansar durante 6 h seguidas.
Su temperatura normal de trabajo era de -70 °C, y se ha documentado que se encontraban de visita y esperaron tranquilamente en el exterior de la base Soviética Vostok el día en que se registró el récord mundial histórico de frío (-89,3 °C).
Los PPAs cumplían la vital función de ayudar a los soldados a evitar las grietas, trampas mortales en aquellas latitudes. Eran capaces de detectarlas por medios que no han sido desentrañados, aunque se ha sugerido que el olfato cumpliera alguna función en el fenómeno.
Eran asimismo capaces de intuir o predecir las tormentas, ayudando a evitar salidas fallidas. Su sentido de la orientación era excelente, incluso durante grandes tormentas. Eran muy confiables en las operaciones de rescate, y capaces de transitar por caminos no consolidados o sobre capas de hielo delgado, incapaces de soportar el peso de los tractores oruga.
Por último, los perros polares argentinos podían sacrificarse y utilizarse como alimento para hombres o perros como último recurso de supervivencia.
Alimentación y cuidados
Los PPAs se alimentaban una vez por día (el doble que los huskies siberianos), pero eran igualmente muy apreciados por ser su mantenimiento incomparablemente inferior al costo del gasoil de los tractores capaces de desplazar iguales cargas. No se les daba de beber, ya que ingerían nieve.
Un ejemplar famoso
El más recordado de los perros polares argentinos, un ejemplar llamado “Poncho”, se destacó en la historia polar argentina por su increíble capacidad de avisar a los hombres de que frente a ellos se encontraba una grieta oculta. En una oportunidad, además, guió con toda precisión a un equipo de rescate hasta los sobrevivientes de un accidente de aviación, que fueron recuperados en su totalidad.
“Poncho” fue embalsamado por el sacerdote Juan Ticó, y su cuerpo se conserva en la ciudad de Ushuaia.














